martes, 1 de julio de 2008

Cuando lo simple es una odisea

Al salir del aeropuerto, todavía compungido por la inevitable despedida, fui a la Dirección de Tránsito a renovar mi carné de conducir, vencido hacía unos días. Mientras iba hacia allá, intentaba recordar la última vez que había ido, cinco años atrás: había llegado tempranito, tipo 8 de la mañana; un par de filas obligadas, una firmita por aquí otra por allá, y ese mismo día, como a las 19, ya lucía, satisfecho, mi licencia renovada. Ahora, cinco años después, regresaba con similar esperanza y confiado en poder conducir, esa misma noche, mi Renault 12 rojo con esa tranquilidad que proponen los papeles al día.

Entré al organismo estatal, besé la virgencita apostada en la entrada e inmediatamente me sumé a la primera fila que vi.

– Esta es para renovar el carné, no?- le pregunté al último de la fila.
- Sí, joven; y para sacar por primera vez también- me dijo un hombre de unos 60 años.

Seguí con mis ojos el recorrido lento de la larga hilera de personas que terminaba en dos mesitas de recepción, al final de una sala. Al cabo de unos 15 minutos, uno de los empleados que atendía en una de las mesitas se levantó y desapareció, lo que retrasaría el recorrer de la gente; sin embargo nadie supo adonde fue. El hombre ubicado delante de mí en la fila, volteó y dijo “ahora falta que la chica de la otra mesa también se vaya… y cagamos”. Yo sonreí, nada más, casi sin pensar que a los 10 minutos la profecía de este buen hombre se cumpliría: la joven se paró, miró un poco para todos lados y se fue. Nosotros, los que hacíamos la fila, nos mirábamos unos a otros como buscando una respuesta. Las mesitas ahora estaban desoladas. Estas cosas pasan en los organismos públicos con normalidad, parece. Quizás era la hora del cafecito de media mañana… nadie lo supo nunca. Lo cierto es que otros 15 minutos pasaron, hasta que ella regresó. Del otro empleado desaparecido primero, nada. Algo es algo, pensé. Cuando llegué finalmente a la mesita, me presenté y dije a lo que venía. La empleada me preguntó:

-Para cuándo querés el turno?
-Qué turno?
-El turno… yo te doy una fecha para que vengas a hacer el trámite.
- Pero vine a hacerlo hoy al trámite; hace cinco años lo hacía en un solo día y además…
- No –me interrumpió-. Sólo hay turno para dentro de 20 días.

No tuve otro remedio que aceptar la propuesta de la empleada y volverme a casa con un papelito firmado con la fecha en que debía volver. Veinte días después, regresé lógicamente y, ahora sí – me dije- tendré mi carné, basta ya de andar esquivando los controles por las calles, Bruno. Al entrar, volví a besar a la virgencita de la entrada, pero esta vez, me animé a pedirle que todo saliera bien, como si estuviera entrando en un quirófano. Fui a la recepción, presenté mi papelito y llené unos formularios. El turno me lo habían dado para la inhumana hora de las 7 de la mañana; pero aún así, pensé que era una buena opción; podía aprovechar el resto de la mañana en la conclusión de mi tarea. Cuando terminé de llenar los papeles eran las 7.20. Me acerqué a la mesa de entradas otra vez.

- Y ahora qué hago?- le pregunté a una señora simpática que atendía allí.
- Ahora tiene que pasar por la psicóloga y después por el oculista señor, al fondo a la derecha. Pero ellos atienden sólo a partir de las 14.
- Ahá, y qué hago yo hasta las 14?
- Y espere, señor… después tendrá que sacarse la foto.
- Pero no puedo traer la foto directamente?
- No señor, ahora tenemos un sistema computarizado de fotografía. Debe sacársela aquí.
- Ah, qué bien… qué avanzados!

A la siesta volví otra vez. Mientras esperaba a la psicóloga que llegó con media hora de retraso, me di cuenta de que nunca había ido a una, y mucho menos, para sacar un carné de conducir. Siempre hay una primera vez, pensé. En la sala contigua, una empleada de unos 50 años daba una charla brillante sobre normas de tránsito para los que sacarían su licencia por primera vez. Pude escuchar algo por las agrietadas paredes y, sinceramente, nunca oí un nivel tan alto de conocimientos viales como los de esa dama. Hasta explicaba cómo ponerse el cinturón de seguridad! Una excelencia.

Luego de pasar por la psicóloga y el oculista –también llegó media hora tarde- fui a la sala de fotografía. Colgaba en la puerta un papel que decía “atendemos de 8 a 12”. La puta que te parió!, grité. Tenía que volver otra vez al día siguiente y no me quedaba otra. Acaso no podían sistematizar algunos horarios para poder hacer todo de manera escalonada, cronológica y ordenada, y así evitar el invariable ir y venir de todo trámite estatal? Si Dalí hubiera conocido este lugar, el surrealismo de su obra habría sido un lugar común.

Cuando volví al día siguiente, me esperaba una fila de unas 35 personas. Ya había ido preparado: llevé mi mp3 para abstraerme un poco de tanta espera. Cuando llegó mi turno –una hora después- la máquina de sacar fotos tuvo un pequeño percance. “Justo en mi turno” suspiré para mis adentros y no sabía ya si era una broma macabra o la realidad lisa y llana. El percance no demoró en solucionarse. Me saqué la foto, finalmente. Con razón todas las fotos de cualquier documento tienen cara de culo, pensé.

- Listo, señor. Usted ha concluido con todos los trámites para renovar su carné (dijo, como felicitándome, el encargado de las fotos).
- Bueno, muchas gracias (había que agradecer algo así). Y mi carné?
- Ah no, eso sólo la semana que viene.
- La semana que…?

En ese punto de mi odisea, preferí no decir nada. No vaya a ser que un exabrupto inoportuno de mi parte arruinase mi objetivo principal. Yo sólo quería mi carné renovado para pasear tranquilo en mi R12. Ahora sólo faltaba una semana más.
Mastiqué mi bronca como pude y me fui a casa preguntándome si lo que me había ocurrido en estos 40 días para renovar mi licencia, era producto de la fatalidad, de un golpe de mala suerte, o si simplemente fui una de las tantas víctimas de un sistema –el de este organismo- vetusto, decadente y mediocre diseñado por quienes lo conducen. A veces, en el reino del revés, lo que puede ser tan simple… se convierte en una odisea.

Al cabo de una semana volví a retirar mi carné ya renovado. Eso sí… no sin antes besar la virgencita de la entrada.

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente final Bruno. Más no puedo decir.
un beso,
Lu

Beby dijo...

Me encanta todo lo que escribis, es como que....siento q lo que uno no puede expresar más que con "raras" palabras usted lo dice con las "justas"...
Me encanta leer lo que escribis amigo..
Te super felicito!!!
Besitos...Beby

Vicky Jiménez dijo...

Además de poder pasear con la tranquilidad que te proponen los papeles al día, ahora también podés pasear por la vida con la seguridad de que ya podés soportar cualquier otro trámite.¡ Pasaste la prueba amigo!
¿No es maravillosa la burocracia? Saludos Camerín, excelente relato.

Cristian dijo...

Buenísimo... ¿El examen psicológico es así o psicotécnico?...

En Vicente López, recuerdo que te hacían ambos... Imaginate una psicóloga con voz y tono tipo Dr. Sokolinsky, que después de esperarla durante tres horas viene y te pregunta: ¿Cómo se lleva con su madre? ¿Ya cortó el cordón umbilical? ¿Es Ud. una persona violenta? ¿Y que me cuenta de su vida sexual?... Si esto se hubiese hecho internacional, Dalí, aún estaría en Cadaqués!

Lo peor es que cualquiera fuese tu respuesta (la mía fue una puteada en arameo) estabas para la internación, tenías un Edipo grande como el Maracaná y eras un asesino en potencia... Después de tres horitas, pedir talante es demasiado!... Igualmente te daban el "carné"

Impresionante tu narrativa... Atrapa!

gabriel, tu amigo cordobes dijo...

BUENO DIGO DE VUELTA QUE SOS UN EXCELENTE PERIODISTA. PERO DEBO COMENTARTE QUE ACA EN CORDOBA ES DIFERENTE. SOLO NOS ENTREGAN UNA HOJITA Y HACEMOS UN EXAMEN DE EDUCACION VIAL Y LISTO. LO DE LA FOTO ES IGUAL ENCIMA TE LA SACAN CON CAMARA DIGITAL Y ADEMAS SE PUEDE HACER EN LOS LLAMADO CPC QUE EXISTEN EN LA CIUDAD.ASI QUE SERIA UNA BUENA PROPUESTA PARA TUCUMAN.
YO DE NACIMIENTO SOY CORDOBES Y DE ALMA SOY TUCUMANO.
GRACIAS
EL PIOJO CORDOBES
SALUDOS BRUNO

Bruno Cirnigliaro dijo...

Cris: no estoy seguro qué tipo de examen me hicieron; pero me preguntaron si tomaba antidepresivos o si tenía algún tipo de trauma a causa de algún accidente de tránsito y cosas así. No fue tan grave como la de Vte López. Esa es para un libro, no un relato. Gracias!

sabrina dijo...

brunis! esta muy bien relatado una experiencia que es de terror!! y cuantos pasamos por lo mismo. Me encantó leerlo y me atrapó mucho su relato Sr Periodista.
la verdad que serian tantas los cambios necesarios para sentirnos...menos al pedo e impotentes en esos momentos, evitando además regresar varios dias de la semana ...ja..además...COMO SI LOS ADMINISTRATIVOS AMARAN NUESTRA PRESENCIA ALLI!!! bs

P/D: vendita esa imagen de la Virgencita, si no hubiese estado¡Quién sabe que podría haber pasado! mm?

Anónimo dijo...

Bruno, excelente tu relato. Un comienzo simple como entrada de pueblo, pero en el medio te crea una intriga sobre el final que tendrá ese drama. Terminé con temor que me encierre esa "burrocracia". Pero cuando pienso que el jefe político de esa Municipalidad tiene asignados $ 8.500 diarios de fondos reservados para gastar sin rendir cuentas, mi temor se convierte en angustia, porque presumo que ya estamos atrapados y sin salida. Felicidades. Renzo

Anónimo dijo...

eso xq o lo viniste a sacar enyerba buena, a la gorda de la puerta le tiras 20 mangos y te hace el carnet en unos minutos y por 5 añitosssss..... un abrazo esteban

Celeste dijo...

toc toc... permiso..
Que lindo escribís, un relato sencillo muy bien narrado.

Por acá voy a volver a pasar, lo puse en favoritos!

Saludos, ojalá puedas venirte a Bs As para "España decí alpiste"

Anónimo dijo...

Brunito,
Te debo confesar que yo también terminé de hacer ese trámite, hace pocos días.En todas las mesas por donde pasaba, no podía dejar de revelar,de alguna manera, mi bronca y mi revolta por semejante masacre! Pero...tu relato me arrancó una risa tan espontánea como placentera! Vos, con ese final maravilloso, has podido verbalizar mis sentimientos: solamente un milagro de la Virgen nos permite retirar el carné sin cualquier daño físico o moral! Seguramente, la psicóloga diría que estoy necesitando un tratamiento para superar mi irreverencia.Pero,
desde ahora, ya puedo mirar mi carné con cariño!
Gracias por tu excelente relato y...también por tu trabajo psicológico!
Un grande beso,
Mamãe coruja (mamá orgullosa)

Bruno Cirnigliaro dijo...

Celeste! Bienvenida al reino del revés. Gracias por la visita. Espero que vuelvas.
Me encantaría ir a BA para la presentación del libro de Hernán. Ya estoy en tratativas. Sería un placer poder estar allí.
Saludos,

Juanjo Domínguez dijo...

Bruno, qué garrón te comiste. Menos mal que leí tu blog, porque ahora voy a ir a renovar el mío curado un poco del espanto. Me gustó el relato. Un abrazo.

Bruno Cirnigliaro dijo...

Gracias Juanjo... espero tengas suerte cuando vayas a renovar el tuyo. Yo todavía no salgo de mi asombro. Abrazo!

el Rafa dijo...

Como dice un filosofo contenporaneo concepcionense "suele suceder vieja".
Ta bueno el blog bruno gracias por pasar por el mio.
Una curiosidad, y disculpa si es impertinente, eras vos el del corte comando hace unos 15 años?.
:P