jueves, 6 de noviembre de 2008

El día que no pude cantar el cumpleaños feliz

Mikel se apartó un momento de la multitud. Lo hizo en silencio, con pasos cortos, casi sin que nadie se diera cuenta. Los demás estábamos conversando amigablemente en el jardín, con una copa de vino en una mano y algún que otro tentempié en la otra. El aire era frío en el pueblo, pero un tímido sol de otoño se las arreglaba para brindarnos un poco de calor. Las horas transcurrían con esa automática manera de ser de los relojes, del tiempo detenido que es la paz de todo pueblo.

Cuando pensó que era el momento adecuado, Mikel fue hasta su auto y buscó el regalo. En ese momento sintió un apretujo de lágrimas abrazarse a su garganta; el corazón le latía fuerte. Abrió la puerta, tomó entre sus brazos el inmenso cartel enrollado y volvió a la reunión. Entonces todos habíamos terminado de comer, y algunos hasta se animaban a repetir una taza más de café, como para pelearle al viento frío que seguía machacando. Cuando Mikel entró otra vez al jardín, fue hasta la loma que estaba entre nosotros. Creyó que allí era un buen lugar. Arrojó al césped el póster, se agachó y comenzó a desenrollarlo lentamente. Lo hizo con calma y sigilo como para no interrumpir la serena digestión de los que estábamos ahí, sin darnos cuenta de lo que iba a suceder.

Cuando el último centímetro de cartel vio el sol, un silencio brutal estalló entre nosotros. “Felicidades”, en castellano; “Zorionak”, en euskera. Eran las únicas dos palabras que había en la gigantografía, y de fondo una foto inmensa de él, de Guillermo, el amigo, el hermano, el colega que cumplía 29 años aquél día y por quien todos habíamos coincidido en aquél mismo lugar, en aquélla misma tarde.

Nos fuimos acercando al cartel. Queríamos mirar más de cerca su cara, su sonrisa amplia y transparente que se desplegaba en el inmenso prado del jardín de su casa. Felicidades, Guillermo, felicidades dije para mis adentros mientras lo miraba… ahí, recostado y horizontal sobre el jardín. En la distancia se oyó un grito desconsolado. “¡Mikel!, ¡Mikel!, donde estás!?”, gritaba Manoli, mamá de Guillermo, mientras zigzagueaba entre la gente buscándolo. Y Mikel estaba en un rincón, detrás de la escena, sentadito en el suelo, con las manos apretando sus rodillas. Manoli fue hasta él casi corriendo y lo abrazó sollozando, fuerte, quizás agradeciendo el regalo, el homenaje, el agasajo para su hijo Guillermo que sus amigos habían preparado.

Había 200 personas alrededor de ése cartel. Familiares, compañeros, colegas, amigos de todos los rincones del país se habían dado cita hasta el pueblo por él. Cómo le querían… Todos allí con la mirada perdida en los ojos de Guiller, en esos ojos que no olvidaremos y que ése día cumplieron 29. Yo había viajado mucho para estar ahí, y de alguna manera agradecí a Dios el haber podido ir. Miré los ojos de Guillermo, su foto, su sonrisa una vez más, y se desprendieron sobre mi memoria aquéllos recuerdos que me unían a él. Yo no era su amigo, no he compartido con él más que un puñado de excelentes momentos; apenas los suficientes como para darme cuenta de su singularidad, de su ser tan especial.

No se quién fue el que detrás de mí rompió con valentía el murmullo hecho de sollozos, y comenzó a cantar: “Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos, cumpleaños feliz”. Otros valientes se unieron al canto y la voz se hizo plural. La mía se hizo silencio y no pudo unirse a las demás.

Dos semanas antes de aquel día, el de su cumpleaños, Guillermo había partido. Amaba la montaña, las alturas, las cumbres. Y como si fuese una analogía de la vida, escaló un monte, llegó a la cumbre y no regresó nunca más. Sus amigos y su familia quisieron agasajarlo igual. Como si estuviera vivo, como si él mismo hubiese organizado todo; un cumpleaños al revés, donde el agasajado no estuvo. Pero… ¿quién dijo que no estuvo?

Alguien aquélla tarde me explicó el por qué de esa foto en el cartel. Guiller se la había sacado a él mismo, con su celular, frente a un espejo. Luego de sacársela le dijo a quien estaba con él.

- ¿Ves esta foto que me acabo de sacar?
- Sí, ¿qué pasa con ella?
- Pues guárdala... guárdala siempre contigo
- ¿Acaso quieres que vaya en tu epitafio?
- Pues no estaría nada mal.

Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, cantaban una vez más los invitados con la mirada perdida, casi como un suspiro, como un pedido al cielo o como un grito enronquecido que clama por consuelos de felicidad eterna. Te deseamos todos, cumpleaños feliz…

35 comentarios:

Luli Casanova dijo...

Simplemente maravilloso Brunin... Tuve piel de gallina desde la primera línea hasta la última. Por fin actualizás, ya creía que no ibas a volver! Un placer, como siempre. Beso enorme.

Juan Pablo Sosa dijo...

Tremenda historia Bruno. Todo, la cantidad de gente que se prendió...
Sin palabras.
Saludos

Vicky Jiménez dijo...

Me quedé con un nudo en la garganta... sin palabras.
Saludos, Vick

el Rafa dijo...

Que gran momento… que gran relato…
Cada vez que nos cuentas una historia me trasmiten tanto que no puedo evitar sentirme como el personaje Juan de la canción de Serrat… “y, gracias, Pepe, por llevarme a bailar..."

el Rafa dijo...

La canción es “Juan Y José”

Bruno Cirnigliaro dijo...

Luli: gracias! cómo que no iba a volver? hay reino... para rato!
Juan Pablo: mucha gente, eso demuestra lo especial que era él.
Vicky: tomá un vasito de agua, gracias por reaparecer!
Rafa: grandiosas tus ocurrencias y grandioso el Nano; gracias por el dato

Anónimo dijo...

Quienes vivimos la historia desde el mismo momento en que una voz en el teléfono nos comunicó su accidente, aunque no le conocíamos, intuíamos que era un ser especial. Esperamos en vano que nos confirmaran que no había llegado el momento de su partida, pero no manejamos la realidad cotidiana. Porque hay vida después de ella es que a la muerte la llamo desaparición física. Excelente relato. Renzo

Anónimo dijo...

Brunito, lindisimo todo! cualquier palabra sería pobre para hacer referencia a ese brillante relato, a esa reunión gloriosa, a esa vida iluminada!
Ilma

Gaby Baigorrí dijo...

¡Hola! Este es el primer texto que leo y ya me atrapaste. Ahora me tendrás de lectora. Sólo alguien con una gran sensibilidad puede escribir algo así. Se me llenaron los ojos de lágrimas. “En ese momento sintió un apretujo de lágrimas abrazarse a su garganta; el corazón le latía fuerte. Abrió la puerta, tomó entre sus brazos el inmenso cartel enrollado y volvió a la reunión”, sencillamente hermoso ¡Gracias por entrar a mi blog! Besos.

Tálamo e hipotálamo dijo...

La puta que te parió, Cirnigliaro!

Tálamo e hipotálamo dijo...

acabo de publicar un comentario. Y luego de chatear con el escritor, decido volver y dejarlo por sentado ya que la ventana del msn se apaga y las palabras desaparecen. Esto, Bruno, familia, amigos y lectores de Bruno, es soberbio, un texto que no se resbala, una historia para contarle al taxista, para recomendarla ante la malaria de cadenas, para sentirse orgullosos de este autor que será grande sólo si a él le interesa. Cito a Dyango: " esta noche quiero brandy". Y brindo por vos.

Anónimo dijo...

Sí, estuvo, claro q estuvo, como siempre; su presencia se hizo ausencia y viceversa, con esa extraña forma suya de estar sin necesidad de hacerse ver... Nos vio, uno a uno, se sorprendió de toda la gente q había congregado ("ni te imaginas la capacidad de convocatoria q tienes..."). Metió las manos en los bolsillos, se rió, dos holluelos afloraron en sus mejillas... y bajó la mirada. "Qué cabrones!"- pensó - "la q han organizado!". Por ti, sólo por ti... ZORIONAK! // "Izan zarelako gara, zarelako izango gara" (pq fuiste somos, pq somos serás!). Beti gogoan! (¡Siempre en el pensamiento!)

Anónimo dijo...

Del revés, patasarriba o bocabajo, lo cojas x donde lo cojas... brillante! Eskerrik asko Bruno!

Anónimo dijo...

MUY BUENO, MUY BUENO, ME ENCANTÓ CABEX... DE VERDAD. MATI

macanudas* dijo...

hay algo en este texto que me gusta..
y también hay algo que me emociona y me hace pensar en la cosas chiquitas y grandes.
muy grandes.

Malena dijo...

Nosé si es un hecho real o producto de una gran inspiración, de cualquier forma, es un emocionado relato que demuestra que la amistad va mucho más allá que la muerte.

Yo también canto si me lo permites, junto a tí el cumpleaños feliz.

Gracias por venir al Tintero ha dejarme un comentario . Ha sido un placer.

Anónimo dijo...

CREO QUE AHORA PUEDO COMPRENDER ALGUNAS COSA QUE NO PODIAS DECIR CUANDO TE PREGUNTABA SOBRE TU AUSENCIA, PERO VEO QUE VOLVISTE Y QUE MEJOR FORMA DE RECORDAR A QUIENES SON IMPORTANTES EN NUESTRAS VIDAS QUE CON UN HOMENAJE SINCERO Y CREO QUE NO EXISTE MEJOR HOMENAJE QUE LO QUE SALE DEL FONDO DE NUESTRO CORAZON!
ME ATRAPASTE DESDE EL RPRINCIPIO Y ME EMOCIONE MUCHISIMO.
TE QUIERO MUCHO.
FER

Bruno Cirnigliaro dijo...

Gabi: q bueno q te haya gustado; bienvenida y seguiremos leyéndonos!
Araoz: exagerado!
Meritxu: claro que estuvo! y por el verbo 'cojer' no te preocupes; ya estamos acostumbrados. maite zaitut nere laztana, muxu bat!
Mati: gracias por volver! para cuándo el café?
Macanudas: q te guste, q te emocione, q te haga pensar ya es demasiado halago!
Malena: q bueno q cantemos juntos, q bueno q sepamos cantar, aún en el dolor
Fer: me alegro q entiendas mi ausencia y mis habituales pocas palabras. Gracias por reaparecer. besos

Baubo dijo...

Hola Bruno, primero gracias por tu comentario.
Estuve leyéndote y aunque ameritaba dejarte un comentario por doquier me moviste tanto la impasibilidad diaria que me quedé pensando en lo que leía sin atinar a desparramar mis sensaciones al leerte. Viajé con vos a los ´80, me subí a tu taxi en baires y al fin al leer tu 6/11 quedé impávida, recuerdos que reviven con tus líneas, dolor que resurje esplendoroso como si no se resignase a que ya lo olvidé y me alegro con los buenos recuerdos de vida compartida que hace a esos momentos más culminantes y sabrosos.
De uno u otro modo sigo caminando con mi alma y sus vaivenes al hombro.
Me gusta mucho como escribís, me adentro en tus historias y esa magia que se desprende de un buen libro la siento aquí.
Besos!

Lelé dijo...

¿A vos te parece justo que yo deje de hacer un montón de tareas que tengo que hacer por quedarme leyendo sin parar y hasta lagrimear? Conmovedor, realmente.

Holden Caulfield dijo...

Bueno, tenemos una historia entre manos. Un hombre en una montaña. Demasiados sentimientos. Un antes, un durante y un después. Es toda tuya. Mirá qué linda responsabilidad te regalo.

Bruno Cirnigliaro dijo...

Baubo: te sobra sensibilidad. Por eso has venido. Y yo me alegro de que lo hayas hecho. Bienvenida y gracias por dar un paseo por el reino...

Lelé: me parece justísimo. Deberíamos resignar algunas tareas y vivir más, no te parece?

Holden: como siempre vos tirándome responsabilidades. A lo mejor va siendo hora de asumirlas, no te parece? Gracias por pasar, escritor!

Juanjo Domínguez dijo...

Una increíble forma de festejar un cumpleaños. Un relato que sensibiliza. Los comentaristas te lo hicieron saber, Brunito: es una historia conmovedora y -como siempre- muy bien contada. Un abrazo.

Anónimo dijo...

ufff, yo aki siempre llegando un poco tarde a los comentarios, pero...

simplemente revivi el dia ke estuvimos en barbadillos!!!
ke increible manera de describir los sentimientos ke habian en el aire ese dia, fue increible, magico, familiar, amigo, y claro ke estuvo guiller, todo el tiempo, en la comida, en la vuelta en bici, en la exposicion de fotos en la iglesia, mientras fuimos a pasear por la milla verde...
y he vuelto a recordarlo como de repente me pasa cualkier dia de estos, ke simplemente te acuerdas de sus hoyuelos ke tanto recuerda mery y de su sonrisa ke siempre tenia, para cualkier comentario...
tampoco era mi amigo, ni tampoco me toco vivir muchas cosas con el, pero es mi hermano adoptivo solo porke mery ha sido desde ke la conozco una de mis hermanas y desde ke la conozco guiller a estado con nosotras todos los dias solo con mencionarlo...
guiller siempre de lo de hoy!!!

mil besos desde madrid bru!!!
we miss u!

al3 delgado

Horacio Gambarte dijo...

Inspiración.
Me uno a Juanjo.
Es grato encontrarse con estos placeres de lectura.
Un abrazo.

Bruno Cirnigliaro dijo...

Juanjo: sólo gracias!

Ale: desde ese día nunca más volveremos a ser los mismos, verdad?

Horacio: muchas gracias por la visita y los elogios. Espero te sumes al reino... Un abrazo!

Lina Masaki dijo...

Ay... ay. Siento una cosa en la panza. Será un ángel de las montañas... Qué tierno el pibe que les cortó el mambo y les extendió ese enorme cartel recordándoles en dónde estaban y por quién.
Qué miedo aquello de la foto frente al espejo... "No estaría nada mal"

Sí. Definitivamente es un ángel de las montañas, de la nieve, de la juventud.

Que los cumplas.

Juan Pablo Sosa dijo...

Bruno, te confieso que desde que estoy en esto de la bloggosfera, jamás volví a un post tantas veces como con este.
La chinada pide actualización...

Bruno Cirnigliaro dijo...

Gracias Lina por tu sensibilidad... es muy cierto lo que decís, hasta el momento del cartel, todos intentábamos hacernos los boludos, olvidar un poco el por qué de aquéllo.... pero cuando el cartel vio la luz, todo cambió.

Juan Pablo: demasiada presión popular para la actualización... jeje... no se si eso es bueno o malo... la semana que viene actualizo... de todas maneras, gracias por volver tanto. Espero no decepcionarte la próxima vez.

Baubo dijo...

Extraño tus relatos

no hay posdata,
no hay saludos,
sólo extraño,
lejano,
cerca en la noche,
en el insomnio,
y de día,
de día, nada.

Tata Merytxu dijo...

Dicen q la fe mueve montañas... Guiller no movía montañas, más bien las montañas lo movían a él. Vivía por y para ellas y en ellas dejó su vida. Sí, la fé mueve montañas; mueve corazones, mueve sentimientos, mueve... palabras!-- Os dais cuenta de lo comentado que ha sido este post?? (Tato, te quiero con toda mi alma! Te echo de menos. No te olvido. Fuiste, eres y serás! // Bru: maite zaitut bihotza!!)

Baubo dijo...

Tengo sed de leerte,
en estas horas desde que llegué a casa creo que es la 5º vez que entro a tu blog, ya di vueltas por los diarios (que últimamente, gracias al frenesí del último examen, no lo son tanto). También intenté escribir, es que tengo como una necesidad de decir algo, pero más creo que de escuchar algo (o a alguien), por eso me relajó la vuelta a los blogs amigos. El caso es que no puedo escribir de tantos pensamientos dando vueltas... Y la lluvia afuera cada vez más intensa, ellos también.

Yo de nuevo.

Anónimo dijo...

Ha pasado el tiempo,pero para los que vivimos esos momentos.......
No olvidaremos nunca.Tu lo describes muy bien.Hermoso relato,real,doloroso recordar..... ...GUILLER FUE UNA GRAN PERSONA,DIFICIL DE OLVIDAR ...Gracias Bruno.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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