martes, 2 de diciembre de 2008

Sólo quería que no doliera tanto

La fila era larga. El transcurrir lento de los piececitos de los pasajeros, con sus bolsos arrastrándose en el impoluto piso de Barajas, justificaba cualquier tipo de diálogo entre León, Nube, Mery y yo. Estábamos ahí porque en minutos más me subiría a un avión que me trajera de nuevo a la Argentina.

En momentos así, precedentes a una separación o despedida, es aconsejable apartar a un lado los pensamientos dolientes o proféticos, sumergirse ciegamente en una conversación urgente, sin importar mucho el tema. Lo que importa, de verdad, es anular como sea esa tortura que se produce antes de despedirse de alguien a quien se quiere, en la que el destino es un poco justiciero de vaya a saber qué culpabilidad, y manosea un poco ésas vidas que se separarán vaya a saber por cuánto tiempo.

Aunque más no sea para mitigar esa lenta y doliente agonía que precede a la muerte de una despedida, decía, estábamos en la fila mis amigos y Mery entablando conversación. Yo tenía en mis manos el pasaje y el pasaporte listo para ser presentado ante los empleados de mi compañía aérea. Madrid había sollozado lágrimas de otoño durante todo el día, y un frío sin pasado parecía haber nacido recién aquélla noche entre nosotros. Yo intentaba reír, hacer de cuenta que no me iba, empujar con fuerza y valentía ese nudo incómodo y creciente que se producía en mi garganta.

León, un buen amigo que se había ofrecido con su esposa Nube a llevarme al aeropuerto, es policía. Justo ése día había viajado a Mali junto a otros compañeros en una misión cuyo objetivo era llevar de regreso a ése país a un grupo de africanos que había intentado ingresar ilegalmente en España.

Uno lee cotidianamente noticias sobre inmigrantes ilegales en los medios españoles. Pero pocas veces uno tiene la posibilidad de hablar con un protagonista directo de un flagelo cuya solución los europeos siguen sin encontrar. Mi vocación periodística y su curiosidad a tiempo completo, quizás, me llevaron a interesarme en aquélla misión. Para León era algo habitual, que ya había hecho varias veces en su trabajo. Para mí era una singular posibilidad de saber un poco más sobre aquello, algo que no se publique habitualmente en los medios.

Entre pregunta y respuesta, entre un paso y otro de la larga fila, mi amigo León me contó mucho: que van y vuelven en el mismo día; que dejan a los africanos en el aeropuerto y se marchan; que casi no tienen tiempo de asimilar el entorno y dónde están; que es muy cansador ese tipo de trabajo; que en algunos casos es riesgoso, según el lugar adonde vayan, y más cosas me contó León. Cosas inesperadas, que nunca había oído y leído.

- Antes de partir en el avión hacia el país africano que nos designen, coordinamos con las autoridades africanas algunas cuestiones-, me comentó León.
- Cuestiones como qué?-, pregunté.
- Pues en muchos casos nos piden que les llevemos mercaderías de aquí de España.
- Mercaderías?
- Sí, botellas de whiskys, algunas cajas de habanos, ése tipo de cosas.
- Pero con qué razón exigen eso? (huele un poco a coima, pensé, en argentino básico).
- Sin ninguna razón. Nosotros sabemos que si no llevamos lo que nos piden, no podemos aterrizar en sus territorios.
- Y si no aterrizan, qué pasaría?
- Dónde dejamos los negritos?
- O sea que es una extorsión-, pensé. ¿Pero no debiera el Estado de Mali, en este caso, cuidar y recibir nuevamente a sus legítimos habitantes que se han marchado ilegalmente a España?
- Debiera. Pero lamentablemente no es así, Bruno. Para nosotros la inmigración ilegal es un problema serio, y no queremos regresar con los negritos en el avión otra vez. Así que no nos queda otra que llevar lo que nos pidan para poder cumplir nuestra misión. Sino, insisto, no nos dejan aterrizar en sus territorios.

En ese momento, un señor gordo, con dos pesadas valijas, me miraba desde atrás con impaciencia porque la conversación con León me paralizó tanto, que olvidé que estaba en una fila de pasajeros que querían llegar pronto al mostrador de nuestra compañía aérea. Puse cara de circunstancia, como pidiendo perdón al señor gordo –creo que era mexicano, lo vi en su pasaporte- y completé el hueco de la fila caminando unos pasos hacia delante.

- León, no te puedo creer lo que me cuentas (no se por qué cuando hablo con amigos españoles el acento argentino se me anula inconscientemente). Es increíble.
- Es así Bruno. Increíble pero cierto.

El pequeño dato de León me conmovió. Repasé en mi pensamiento tantas cosas leídas sobre la inmigración ilegal en la prensa gráfica; vistas en la Televisión Española, pero no había nada como esto. Nada. Ni siquiera lo de las camas calientes en Madrid, historia ya comentada en este blog.

- Pero entonces es un negocio… -, pensé en voz alta.
- Por qué te crees que muchos arriesgan sus vidas en subirse a barcazas precarias, cayucos insostenibles, para llegar a tierra española todos los días?-, preguntó al aire León.
- Bueno, por la situación de pobreza que atraviesan, porque están buscando un mejor lugar para vivir…
- Sí, Bruno… pero la mayoría viene engañado. En las costas africanas hay gente que se aprovecha de la gente pobre y les dicen que España es el paraíso, que llegando aquí les esperan con trabajo digno, un sueldo, una vida mejor. Y por ese traslado les cobran mucho dinero.
- Y son ésos mismos pobres a los que luego el Estado no quiere recibir de nuevo si no les llega el whiskisito y los puros?

Ya no había nada que hacer. Yo buscaba hacer de cuenta que no me iba, apartar como sea mis pensamientos dolientes y proféticos, hablar de cualquier cosa. No de los africanos que engañan a africanos; no de los que mueren en el mar intentando buscar un horizonte mejor en la vida. Yo sólo quería olvidarme de mi partida y amenizar como sea la profusa agonía de las despedidas. Me salió mal, evidentemente me salió mal.

Ahora ya estoy en el avión, arrancado de todo y de todos, con una espina clavada en mi estado de ánimo ya bastante vapuleado; y aunque es de noche y no se ve nada por las ventanillas, sé que debajo de mí, justo once mil metros debajo de mí, hay negritos desesperados cruzando el mar; justo debajo de mí, África y su dolor. Yo la atravieso desde el cielo empotrado a la comodidad del avión y pienso en tantas cosas que no son precisamente whiskis o habanos.

Se apagan las luces. En 11 horas llego a mi casa. Intento dormir. Olvidar mi partida. Yo sólo quería que no doliera tanto. No tanto… no tanto así.

21 comentarios:

Baubo dijo...

Ya el título le puso freno a mis ojos, lo releí como si así adivinase tu relato, mezclándolo con mis sentimientos. "Sumergirse ciegamente en una conversación urgente, sin importar mucho el tema", eso ilustra la situación que viví en Ezeiza cuando mi hermano se fue por primera vez
y tal vez para siempre a Israel, su primera parada.

Lo demás debo decir que me compungió el corazón, la angustia afloró escondida entre el azar cotidiano y es que tu manera de escribir hace estragos en la liviandad arrolladora y diaria. Una vez más me alegra leerte, me hace pisar la realidad y dar una vuelta de tuerca. Pero te confieso que ahora me voy a dormir triste, aunque en algún rinconcito siento la stisfacción de haberte leído y cuanto más sonrojado ja ja

Hacerte sonrojar es mucho... y divertido.

Bienvenido a Argentina Bruno! Bienvenido!

Baubo dijo...

Por cierto terminé de escribir, mientras lo hacía recibí tus comentarios; nunca desparramé tanto mi sentir cotidiano en mi blog, duele, molesta... No va a tardar en asomar el arrepentimiento.

Aún así quería decirte que ahora son las 2 am y la lluvia ya no está, el peso de mis pensamientos tampoco.

Besos!

Anónimo dijo...

Cuando pretendemos encubrir un dolor con engaños pasajeros como por ej. una conversación, solemos descubrir que hay dolores más intensos que los nuestros; más insoportables que el dolor mismo, y visibles además en el rostro de hermanos para quienes nuestro dolor sería una felicidad. Aunque sigo pensando que el dolor mayor es la impotencia que se siente de llegar al otro con el remedio justo. Muy bueno lo tuyo, porque junto al dolor de una partida, conseguiste hacerle un lugarcito en tu corazón al dolor del prójimo. Muy buen tema y además escrito con el realismo estoico a que nos tenés acostumbrados. Felicidades, Renzo

Cristián dijo...

Ambas cosas dolorosas... Lo de los africanos, por el engaño, la falsedad, los que sacan ventaja...

Lo de tu partida por lo que dice Bersuit... "como puñetazos desde dentro"

Anónimo dijo...

Esta vez no puedo dejar de hacer un comentario (quedé debiendo uno sobre los obreros de la construcción...) y es que esta vez el sentimiento de esas despedidas agonizantes es más que compartido.. tanto como el canto a dúo de "prendida mi alma", que sin dudas descubre otro abrazo al alma de un amigo con la misma lucha.
Me permito hacer una comparación de las historias que contaste y no puedo dejar de pensar en la ilusión de esos "negritos" que cruzan el charco en busca de algo mejor.. arriesgando su vidas por un paraíso pintado por artistas del engaño... En tu caso hermano, también fuiste acompañado por un policía, sin habanos y seguramente con ganas de un reencuentro.. en tu caso hermano el paraíso existe y jugarse la vida por ello (mejor dicho... por ella) vale la pena... No le afloje compadre! Un gran abrazo!
Gabriel

GABRIEL CORDOBES dijo...

TU COMENTARIO ES PARA QUE REFLEXIONEMOS QUE CADA COSA QUE TENEMOS, HAY QUE AGRADECERLE AL DE ARRIBA Y VALORAR AUNQUE A VECES NOS OLVIDEMOS.
EXTRAÑABA LOS RELATOS
PIOJO

Juan Pablo Sosa dijo...

"sumergirse ciegamente en una conversación urgente, sin importar mucho el tema", totalmente de acuerdo. Lástima que el tema haya importado y mucho. Lástima que esto suceda allá y aquí. En toda sociedad, algo falla y a pesar de lo revelador del relato, ya no sorprende.
Coincido, hay que agradecer lo poco o mucho que tenemos.
Muy buen relato blog

Juan Pablo Sosa dijo...

Quise poner "muy buen relato Bruno"

Merytxu dijo...

El q no tiene nada, nada tiene q perder. Lo malo es q hay personas, las q lo creen tener todo, q se mofan de ello, pidiendo absurdeces q hacen aún más inexplicable lo incompresible. Esta gente se juega la vida, aterrizan engañados en su continente (ni siquiera a veces en su país)y todavía tienen la desfachatez de pedir habanos y whisky? Pq no invertir eso en ropa, comida y medicamentos para estos pobres? Y lo peor... el gobierno español, q x supuesto no queda libre de pecado, se ve con las manos atadas.
Una realidad triste, muy triste, pero de una certeza q abruma el alma dejándola con la màs amarga de las sensaciones: la impotencia.// Amr: como siempre, brillante!! Maite zaitut laztana

Bruno Cirnigliaro dijo...

Baubo: gracias por los sentimientos, por la identificación con mis relatos.

Renzo: tu comentario me hace comprender e interpretar mejor mi propio escrito, mi propio modo de vivir las cosas que me pasan. Como el de todos.

Cristián: "como puñetazos desde dentro"... excelente! Si no lo sabremos los que alguna vez hemos vivido exiliados, no?

Gabi: tu comentario me llegó al alma, derechito y sin anestesia. Será porque compartimos esa utopía del amor a distancia. Gran sensibilidad. Gracias por comentar por primera vez, hermano!

Gabriel: totalmente cierto amigo cordobés.

Juan Pablo: el día que algo no me sorprenda, significa que he bajado los brazos. Hay que buscar que nos sorprenda, que nos atragante, que nos movilice, por más que todo esté dado vueltas. Gracias por pasar siempre.

Merytxu: cuánta razón! q + decirte? Sólo un ezkerrikazko grande. Y un Maite Zaitut, laztana. Muxu Bat!

Lorena dijo...

Tema complicado, Bruno. Complicadísimo. Africa es un país taaaan postergado, taaaan deshumanizado, taaan sistemáticamente ignorado, que pedir whisky a cambio de vidas desintegradas no sorprende. Porque para ellos no es vida. Nada es vida. Ni ellos mismos. Sino, ¿cómo se explica pedir sencillamente unos whiskys? ¿A quién puede saciar sólo un par de whiskys? Coño, tío. Yo entiendo menos a España que, a pesar de eso, sube a los negritos moribundos a un avión para regresarlos de nuevo casi instantáneamente. Conmovedor relato. Saludos.

Vicky Jiménez dijo...

Tenía mis dedos sobre el teclado sin poder encontrar las palabras que describan esta rara sensación. Acababa de sentarme frente a la compu, con un super vaso de chocolatada...y ahora, después de leer tus palabras y la de tus excelentes lectores, que comentan con corazón sobre ellas, pienso en lo privilegiados que somos. Vivimos sumergidos en la rutina, en el lleva y trae de cada día, y momentitos como este, en el que la lectura nos lleva a ir más allá de las palabras me sirven para bajar un cambio, tomar aire y agradecer a Dios por no tener que subir a un avión con la esperanza destruída de no poder tener una vida mejor.
Exquisito, más que la chocolatada, es leerte... (vaya mi comparación)
Saludos, mi amigo.

Anónimo dijo...

hola!! nuevamente impactanda por lo que contas cuando escribis, impactada por como escribis.... a pesar de que te sabia escritor.... jaajaj ... en realidad queria que supieras que sigo en contacto con tus escritos y con tus historias, que me he vuelto fanática de leerte... ojala tuvieramos la oportunidad de leer muchas cosas asi a diario.... habre quedado como la anónima del piso 10? un beso !!

Anónimo dijo...

Brunito, tu relato conmueve y sensibiliza hasta el hondo del alma!Tu manera de escribir me hizo acordar los versos de un poeta: "a vida está feita de encontros e desencontros".Sin la pretensión de corregir y tomando la vida misma como ejemplo, prefiero la otra versión: "a vida está feita de desencontros e encontros porque é isso o que vale". Después de un desencuentro siempre hay un encuentro.... Hojalá que para nuestros amigos africanos termine rápido esta etapa cruel de desencuentros! Pero... para vos, tenga la seguridad que el encuentro es lo maravilloso, la distancia es un simples detalle, doloroso por cierto,pero encarna el consuelo de la genuina esperanza! Te felicito por la nobleza de tus sentimientos,
quién apostó en el encuentro, pese estar siempre rondando en el aire, la distancia.

Gaby Baigorrí dijo...

Tu texto es muy raro. Escrito de una manera tan hermosa, con las palabras justas, agónicas; Y por otro lado, relata una realidad tan dolorosa. No pude evitar pensar en los bolivianos que cruzan como camellos a diario por mi provincia (Jujuy). Texto raro pero que golpea, de buena manera ¡Felicidades!

el Rafa dijo...

“Madrid había sollozado lágrimas de otoño durante todo el día, y un frío sin pasado parecía haber nacido recién aquélla noche entre nosotros.” Evidentemente estabas muy triste. Me encanto el relato y tambien el comentario de REnzo “Porque junto al dolor de una partida, conseguiste hacerle un lugarcito en tu corazón al dolor del prójimo.” Viejo eso deja a las claras que ud sigue siendo un hombre sensible SALUD por eso y welcome tu de jungla vieja!!!!

Bruno Cirnigliaro dijo...

Creo que la CALIDAD de los comentarios de esta entrada supera largamente los de cualquier otro post de este espacio. Es increíble, de verdad. Uno suele decir muchas veces que los comentarios enriquecen, que ese ida y vuelta entre autor y lector que posibilita un blog es aprendizaje y encuentro. Lo dije muchas veces, pero nunca lo sentí tanto como en éste post. Gracias!

Lore: sí, es complicado... al menos le pusiste algo de claridad al asunto. Gracias!

Vicki: no creo que el relato haya estado más rico que tu chocolatada. Es verdad lo que decís, habría que valorarnos más, no?

Anónimo: no serás un fantasma que aparece por este blog haciéndose pasar por otra persona? Sólo te encuentro por aquí!

Ilma: a vos no te voy a decir nada por aquí; si te veo todos los días y vivir a tu lado ya es un encuentro constante y maravilloso.

Gaby: debe ser el mayor elogio que recibió un post mío hasta ahora. Que sea 'raro', cómo me gusta eso!

Rafa querido: usted siempre agregando esa cuota de rock and roll a la vida. Bien ahí! No se si se me acaba de ocurrir, o lo dijo alguien antes: "yo no soy triste, soy melancólico". Y para Victor Hugo la melancolía es el placer de estar triste.
Pero no tanto, don Vitor! no tanto. Salud!

Anónimo dijo...

creo ke la Nube esa me cae bien jajaja

en vdd es muy triste darse cuenta de lo enfermo que puede estar el mundo, de saber la desesperacion que hay en la gente que arriesga su vida a ciegas para buscar algo mejor, de la gente que solo aprovecha la circusntancia para sacar provecho de su propia gente, y de la gente como León que tiene que hacerlos volver y quedarse con el nudo en la garganta y la cabeza de no poder hacer mas ...

y paralelamente, sentir la impotencia de ver marchar a un amigo, y de no poder compensar un poco la distancia y el tiempo que hay entre la persona que se queda cerca de ti y la que se va, cuando aparte ya te ha tocado vivir esa fase y sabes que cuesta sobrellevarlo mas de lo que alcanzas a ver en los ojos de las personas que lo estan viviendo...
los kiero mil niños!!!

Anónimo dijo...

no... no soy un fantasma.... y no me encontras solo por aca... nos hemos encontrado hace tiempo... mucho tiempo... creo que nosotros nunca vamos a desencontrarnos, el tiempo que nos paso quedo atrapado en nuestras historias separadas, que quien dice alguna vez nos reunen para mirarnos nuevamente desde otro lugar... desde el cariño y desde la magia de lo que alguna vez fue todo en nuestras vidas.
Segui escribiendo que sigo encantándome y sonriendo y sorprendiéndome... te lo dije antes, me he vuelto fanática de leerte y sigo tus escritos... como antes...

macanudas* dijo...

me contagiaste un poquito la espina clavada en tu garganta.
y yo tampoco quiero que duela tanto...

Jian Zhuo dijo...

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