Al entrar se produce un desconcierto. No se sabe muy bien si estás entrando en un bar, en un pub, o en una discoteca. La categorización es imposible. Las paredes están empapeladas –literalmente- con afiches de conciertos, recitales y promociones de artistas de los ochenta: The Ramones, La Fura dels Baus, Hombres G, Lou Reed, entre tantos otros. Las luces son tenues y van variando de colores pop a cada rato y en cada ambiente del lugar. Llama la atención ver en las paredes y en la barra varias pantallas (no son planas por cierto) viejas pasando Tom y Jerry en blanco y negro, y en silencio. Muchas veces el audio del gato y el ratón se traslada a todo el lugar generando aún más desconcierto, y llevando hasta el límite la paciencia de algún desprevenido que haya llegado hasta ahí con ganas de bailar punchi punchi . Luego, el gato y el ratón callan y la música -siempre de los ochenta- regresa. Y todo vuelve a ser como antes.
En un momento veo entrar a alguien con una remera blanca y una inscripción en letras grandes y negras que dice así: “Who the fuck is Mick Jagger?”. A su lado, una negra muy gorda con falda corta y sandalias marrones baila poseída un góspel rockanrolizado. En la parte de atrás hay una mesa de pool donde algunos juegan con su cerveza y taco en mano. Los techos son bajos, a veces demasiado, por lo que el lugar está lleno de humo y de calor. Cuando voy al baño veo en la puerta otra inscripción con letras grandes: "Hoy es un buen día… para morir". No la escribió ningún estudiante apocalíptico con lapicera; todo forma parte de la decoración que ya no es decoración sino restos de una época que sobrevivió hasta hoy. De eso se trata: de una atmósfera. Esa que envolvió a toda una generación, protagonistas de un movimiento cultural sin precedentes en los ochenta mundialmente conocido como la movida madrileña.
Por eso, todo lo que se ve ahí dentro no es puesto adrede. Es lo que quedó del pasado. Es lo que quedó encerrado en esas paredes y que forma parte de un momento de la historia que marcó la vida y el destino del imaginario colectivo de toda una generación. No es un lugar del 2.008 con decoración y música de los 80’. Es un lugar de los 80’ con decoración y música de los 80’. Esa es la atmósfera de la que hablo, y que te envuelve y que te traslada; que te hace vivir un momento que no viviste, o revivir aquello que olvidaste.
Nunca fui un apasionado de los 80’. Pero muchos de los que están ahí, bailando o conversando como si nadie los estuviera viendo, tienen ropas de aquélla época. No es que estén producidos a los 80’. Son así! Y yo los miro como si miraría mi infancia. En aquel tiempo yo sólo era un niño. Y no están pasados de moda, como diría cualquiera. Cultivan un estilo de vida que los ha marcado; se resisten a los cambios cada vez más veloces del mundo actual y permanecen en un pasado compuesto por tantos ingredientes, que llega al presente simple mirando el futuro quizás sin preocupación, y así ponen de patas para arriba los tiempos verbales, y ya todo lo demás. Por eso este lugar permanece intacto desde hace 25 años. Cuántas cosas han cambiado en ese tiempo, menos este lugar. Allí quedó encerrada una época que no quiere salir ni adaptarse a los nuevos tiempos como indica la lógica posmo.
Toda tribu urbana es un poco así: busca componentes en común y se identifica y expresa mediante ellos, concurriendo casi siempre a los mismos lugares. Quizás son sólo eso. Pero son diferentes de los demás, y también del mundo de hoy. Y está justamente en Madrid, allí donde sobran las opciones de ocio y nocturnidad, donde las nuevas tendencias y la moda están a la vuelta de la esquina. Justamente aquí, desafiante y de pie permanece este lugar gritando que hoy es un buen día para morir, justo ahora que todos quieren vivir hasta morir. Y se preguntan quién carajo es Mick; y visten la ropa que yo ya tiré a la basura y tienen la valentía de coincidir conmigo en un mismo lugar.
Ahora, me pregunto cuál es el anverso y el reverso de esta trama; me cuestiono si el revés está en esa atmosfera entrañable cargada de pasado o si está en las calles que la preceden y que forman parte del mundo actual. En cualquier caso, el revés es un lugar. Éste se llama ‘La Vía Láctea’, y es de otro planeta!