martes, 10 de marzo de 2009

Entre los cerros y yo... la impunidad. Acerca de la costumbre de acostumbrarse

Desde que comencé a escribir algunas historias en este blog sobre las cosas que no funcionan, o que funcionan mal o alrevés en distintos eslabones de la sociedad, mucha gente, entre ellos amigos de toda la vida y colegas, me han dicho repetidas veces: "Bruno, estamos en Tucumán, no podés pretender que todo funcione a la perfección. Te tenés que acostumbrar...", como incitándome a dejar de quejarme, o -lo que es peor- como si esta ciudad o sus habitantes no fuéramos dignos de vivir en un lugar donde las cosas funcionen minimamente bien.

El 25 de septiembre del año pasado escribí en este blog un relato llamado "Entre los cerros y yo" que algunos recordarán (
Aquí, la historia) donde me quejaba de un edificio en construcción justo enfrente de mi casa que tapaba mi vista hacia los cerros (detalle menor, se verá) pero también de la inseguridad con la que -veía- se movían tan sueltamente por los aires los obreros de aquélla obra, y su absoluta falta de control.

Hoy, 166 días después de aquél post, un obrero de esa misma obra cayó al vacío por el hueco del ascensor. Su estado es delicado. La noticia,
aquí.

Sé que desde éste, ni ningún otro blog, se puede hacer algo para que las cosas funcionen mejor, o a la perfección, como dirían algunos. Aún cuando algunas soluciones sean tan simples como exigir ciertas condiciones de seguridad a un obrero que anda en un piso 13 trabajando. Pero al menos me sirve (nos sirve) para no hacer de la impericia y de la impunidad una pintoresca costumbre tercermundista.
Yo... a esto no me acostumbro. No me puedo acostumbrar.