viernes, 12 de junio de 2009

Manuscrito hallado en un bolsillo (año 1968)

El acto de escribir nace mucho antes del acto de escribir en sí mismo. El punto de partida no es el papel sino la vida. Mis dedos, que se mueven dibujando un lenguaje de signos en mi ahora acabado, no son más que el último aliento de un suspiro ya comenzado hace tiempo, en otro lugar de donde me encuentro ahora. Las palabras, que ahora veo levantarse como burbujas delante de mí en un mágico brote de inspiración, han nacido mucho antes de que yo perturbado, melancólico o triste, haya decidido encender la luz de esta humedad nocturna de mi habitación y me sentara a escribir.

Hay algo de eternidad en la palabra escrita. Nace mucho antes de ver la luz, existe mucho después de concebida, y dura para siempre en la impoluta y férrea disponibilidad del papel. Lo verbal vuela y desaparece; lo escrito permanece, en latín o en castellano. Por lo tanto no existe el tiempo. ¿Qué es el tiempo para una metáfora? ¿Con las agujas de qué reloj han de regirse los verbos? ¿Cuál es el tic tac de un predicado?

Una manera de organizar el pensamiento o la inmensidad etérea de la vida como el acto de escribir no puede nunca ser parte del tiempo, sino de la eternidad, que ya lo es todo. Unas terribles ansias de expresión nacidas en esa noción presumidamente gigante y sin fronteras que es el alma no pueden tener tiempo, ni espacio, ni dimensión. Y si busco un origen a mi necesidad de escribir, no lo encuentro; porque ése origen ha nacido mucho antes de que yo. Pero de alguna manera misteriosa se conecta con lo poco de impoluto y esencial que queda en mí y me hace trascender mi propia condición humana de pasado, presente y futuro.

Cuando escribo yo no me siento parte de mí, ni del tiempo, ni del espacio. Cuando escribo yo me siento eterno. Me convierto en todos los poetas, en todos los amantes, en todos los vagabundos y literatos sin ser ninguno a la vez. Yo me dejo llevar por el viento de las palabras cuando escribo, por ese viento anónimo y sin pasado nacido quién sabe dónde y que hoy me ha levantado de la cama quién sabe por qué. Mucho antes que hoy se han escrito estas letras. Mucho antes que hoy he despertado. Quizás en ese adiós que alguna vez he dado; quizás en ese llanto que nadie ha sabido nunca de mí; o quizás en esa niña que apenas ayer he tenido en brazos. Ya no soy yo cuando escribo, sino aquél que dijo adiós, aquél que lloró sin que nadie sepa… Entonces yo es otro. Es abismarse a saltar del parnaso de un confort conocido y entregarse con ojos bien cerrados al aire diáfano y perenne de la eternidad.

8 comentarios:

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

Dejamos de ser eternos cuando dejamos de escribir?
O la eternidad permanece mientras estemos pensando que queremos hacerlo? Dibujando palabras en la cabeza planeando plasmarlas en un papel?

Perdón.
Estoy triste, y esto me pone más triste todavía.
No sé por qué...

don carlao dijo...

me gusta el enfoque. Particularmente mis cuentos los escribo con la mente en blanco dejando fluir. muy lindo post

Psicologa con problemas dijo...

que dificil es escribir...TucuMAla

miguel dijo...

como siempre querido decano,muy buenos tus post,abrazo.....por estos pagos los putos se fueron¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

el Rafa dijo...

Es como tocarle el culo el culo a Jennifer Aniston y que te responda con una sonrisa... después de eso sos eterno.
EXCELENTE POST

Abrazo.

ViKi dijo...

No puedo elegir una frase sin correr hacia otra, lo leí y lo re leí y me encanta es un recorrido afable del alma al papel. Es hermoso.

Mente Ridícula dijo...

Buenísimo lo que describís acerca de qué significa escribir para vos. Me encantó.
Le recuerdo de la remontada de volantina, que usté fue el de la idea.
Abrazo

Bruno Cirnigliaro dijo...

Es un manuscrito encontrado en un bolsillo... vaya a saber quién lo escribió. Gracias a todos.

Mente Ridícula: eso sigue en pie, habrá que comprar uno y hacerlo volar!