lunes, 25 de mayo de 2009

El día que maté a mi amigo el Flaco

Hace poco más de cinco meses sentí la necesidad de publicar en este blog una historia que entrelazara ficción con realidad. Hasta ese momento todo lo publicado aquí, pertenecía a historias reales, vivenciadas por mí enteramente y que me resultaba muy fácil de escribir ya que sólo me tenía que limitar a describir lo vivido mediante un acto de recordación. Naturalmente, en la descripción lisa y llana de una vivencia también juega y mucho el cómo describirlo; pero eso no viene al caso ahora mismo.

Lo que sí viene al caso es lo que escribí la noche del 21 de diciembre de 2008, con la intención de publicarlo, en este blog, cuatro días después, es decir, el 25 de diciembre a la tarde, a saber, navidad y día de mi cumpleaños. El objetivo de ese escrito era un experimento personal, o si se quiere, una especie de juego: añadir ficción a una historia escrita en primera persona como si hubiese ocurrido realmente; y filtrarla entre todas las demás historias reales que había publicado en el blog. Le puse como título
"Fulgor de una mañana indiferente", inspirado por esa gran canción de Jorge Fandermole llamada Junio.

La historia consistía en que durante el festejo de navidad y de mi cumpleaños que se desarrollaba en mi casa, un amigo mío (el flaco) moría brutalmente atropellado cuando intentaba cruzar una avenida ebrio en busca de más cerveza para seguir el festejo en mi casa. La historia fue publicada el 25 de diciembre por la tarde como si hubiera sucedido el 24 a la noche, aunque había sido escrita por mí cuatro días antes.

La reacción de los lectores no demoró en llegar. Llamados telefónicos, e-mails y algunos pésames en el espacio de comentarios fueron muestras de una reacción que nunca un texto mío esperó suscitar. Sólo algunos presumieron ficción en ese texto y valoraron el escrito desde esa perspectiva. Muchos otros se quedaron en la eterna duda de si lo contado había sucedido o no, y no arriesgaron un comentario por el miedo al probable ridículo. Incluso una ex novia se animó a escribirme un mail con el título “no me pareció nada gracioso”, en la que mostraba su enojo ante lo que para ella no tenía ningún sentido: hacer morir a un amigo. Diego, otro amigo, me llamó preocupado a la noche a mi casa preguntándome qué había pasado con el flaco después de haber intentado chequear el accidente en las noticias del día, sin resultado lógicamente.

Salvo casos puntuales como éstos en que me llamaron o escribieron para saber lo que había sucedido, yo no me ocupé de aclarar la historia en ningún momento, de manera tal de dejar fluir en los lectores todo tipo de conjeturas. Me di cuenta rápidamente que el 99 % de la gente piensa que los blogs sólo sirven para contar vivencias personales, a modo de diario íntimo, cuaderno o bitácora, y que pocos, muy pocos lo usan para publicar sus ficciones, incluso menos, muchos menos son los que en una historia aparentemente real filtran la ficción sin ningún tipo de aclaración, como si ésta hiciera falta.

Antes y después del pequeño juego o experimento me hice muchas preguntas que no necesariamente necesitan respuesta. Las mismas pueden servir de guía y motor para comprender mejor todo. Son éstas:

¿Cuál es realmente el límite entre la ficción y la realidad en un blog? ¿Existe ese límite? ¿Quién dijo que lo que se escribe en un blog debe ser necesariamente autobiográfico y real? ¿Acaso no está permitida la ficción en internet? ¿Acaso existen grandes diferencias entre el viejo folletín y el blog, además del soporte que lo vehícula? ¿Por qué si esa misma historia se lee en un libro se presume como ficcional, y si se lee en un blog se presume como real y en algunos casos escandaliza e impacta más? ¿Si convivimos con la muerte a diario por las calles, por qué nos inquietamos ante ella en un relato escrito en un blog? ¿Hasta qué punto es un abuso el uso de la ficción en una historia real? ¿Qué es literatura y qué es periodismo? ¿Pueden convivir ambas en un texto? ¿Con qué porcentajes para cada género? ¿Por qué algunos se creyeron el relato, otros no lo creyeron, y otros se quedaron en la duda? ¿Por qué a otros se les revolvió el estómago pensando que mi amigo había muerto en mis brazos realmente? ¿Por qué algunos me insultaron?

Son preguntas nada más. Si alguno tiene respuestas o comentarios bien podrían servir para enriquecer el pequeño mundo de las bitácoras. En lo personal, debo confesar que verme metido en mi propio cuento fue una experiencia bastante impresionante para mí. Los cuatro días pasados desde que escribí la historia hasta que se publicó fueron un tormento. Simplemente porque temí tremendamente que la historia se convirtiera en real en el preciso momento en que iba a morir el flaco.

Esa noche del 24, cuando estábamos todos en casa cantando y festejando mi cumpleaños, en un momento lo llamé al flaco, lo abracé y lo besé; le dije que lo quería mucho. Él me miró extrañado sin entender nada. Claro... él no podía saber que al día siguiente estaría muerto en un blog. Y yo… yo en ese instante ya podía irme a dormir tranquilo acaso sabiendo que la ficción casi nunca se convierte en realidad.